SE AVECINA UN NUEVO SEMINARIO

Por Juan Carlos Peña


Fue en octubre de 2011 cuando comencé mi práctica en el Aikido. Muy pronto tuve mi primer día de Keiko en un seminario. En noviembre del mismo año, se me permitió participar en la última hora de seminario, donde Kenta Shimizu Sensei nos instruyó en la forma correcta de ejecutar los ukemis. Era yo un completo principiante.



Un año después, estando en Japón, tuve la primera experiencia en un seminario internacional, con Kenji Shimizu Sensei. Creía que mi año de práctica me había servido para comenzar a sentirme aikidoka. No era así. Pero si fue un paso hacia la comprensión del por qué me gustaba practicar este Budo. Recuerdo como me sentía muy seguro de mí mismo en mis ukemis, fatalmente ejecutados. Recuerdo también la vergüenza que sentí al no dar una, en varias técnicas. Había ciertas técnicas que yo creía tener bastante seguras. Me llevé fuertes golpes a mi ego. Pero no crean que me quejo de los maestros y compañeros, prácticamente todos fueron bastante amables. Mi visión personal era el problema. Esta visión a menudo poco crítica con nosotros mismos, me perseguirá por el resto de mi práctica.


Este año cumpliré once años practicando Aikido. Aprendiendo, cometiendo muchos errores y con algunos instantes de acierto, esos instantes que al dejarte vislumbrar algo de lo que es capaz el Ki, te hacen entusiasmarte más y más con este Budo. En esas mismas fechas tendremos en México la oportunidad de recibir nuevamente a Kenta Shimizu Sensei, quien nos impartirá un seminario.


Cuatro largos años han pasado desde la última visita que tuvimos por parte de Kenji Shimizu Sensei, fundador del Tendoryu Aikido, acompañado con su hijo Kenta Shimizu Sensei. Ahora, tendremos una vez más la alegría de compartir una experiencia parecida. Muchos alumnos tendrán por primera vez la oportunidad de participar en este tipo de eventos. Como en mi primera ocasión, no tienen una idea real de lo que les espera, si continúan por este camino. Recibirán golpes en su autoestima y, si en verdad es su camino el Aikido, persistirán. Parafraseando las palabras de Nietzsche, eso los hará más fuertes. Algunos alumnos dejarán de ser simples principiantes y pasarán a ser principiantes comprometidos, es decir, recibirán su primer grado Dan y cinturón negro, en caso de merecerlo. Algunos creerán que esto ya los hace alumnos avanzados de Aikido. Ojalá pronto se den cuenta que apenas es el primer pasito para llegar a entender el Aikido. Muchos años han recorrido nuestros maestros y, algunos con veinte o más años practicando, siguen maravillándose con cada instante de nueva comprensión.


Al igual que todos, espero con emoción la fecha de inicio del seminario. Una vez más tendremos la oportunidad de incrementar nuestro conocimiento y afinar nuestra técnica. Tendremos el gusto de compartir nuestro tiempo y nuestra práctica con amigos y compañeros de otras partes del mundo y de otros estilos de Aikido. Todo esto siempre es edificante. Una alegría particularmente grande, será el poder compartir todas estas experiencias con las nuevas generaciones. Espero que todos estemos a la altura de lo que nos corresponde. Ojalá logremos hacer partícipes a los nuevos estudiantes de la belleza del Aikido. Ojalá podamos llegar a ver a estas nuevas generaciones convertirse en verdaderos maestros de Aikido.


El camino es muy largo, lento, a veces muy pesado. Muchos días de entrenamiento nada más para aprender a caer. Mucho tiempo para empezar a dar unos pasitos, irimi-tenkan. Semanas enteras para poder realizar un kote gaeshi bastante irregular. Aún mucho más tiempo para darnos cuenta que en el Aikido no vamos solos, tenemos que cuidar y observar a nuestro compañero. Ya ni hablar de armonizar. Mucha gente se va apartando en este largo recorrido, es natural, no a todos nos entusiasma lo mismo. Cuando te toca colaborar en la enseñanza de este arte, siempre será pesada la sensación de esfuerzo tirado a la basura cuando alguien abandona, sobre todo cuando crees que la parte más dura del camino ya ha sido transitada. Y sí, hay una inevitable sensación de haber hecho mal nuestra tarea, al no lograr hacer nacer en los estudiantes la pasión que sentimos. Afortunadamente también hay recompensa, cuando ves como la constancia y dedicación va transformando a la persona. Cuando te das cuenta que un estudiante tuvo uno de esos instantes donde el Ki, fue el que armonizó con el oponente.


¡Disfrutemos un nuevo seminario!





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