• Juan Carlos Peña

Tiempo de Seminario


Fue hace siete años cuando participé por primera vez en un seminario de Aikido Tendoryu. Cumplía apenas mi primer año practicando aikido, así que era un completo novato en este arte. Sin embargo, no es mi intención hablar sobre las técnicas, sino más bien sobre la convivencia, y principalmente sobre la generosidad.

Quizás el momento más impactante fue a la hora del primer alimento. Los extranjeros llegamos para acomodarnos en las mesas del comedor. Todo estaba perfectamente dispuesto. Nos sentamos buscando estar con nuestro grupo de amigos, sin interesarnos por quien había distribuido todo para nosotros.

Al principio no lo noté, pues no conocía a todos los japoneses que practicaban aikido. Pero después de ver tres o cuatro rostros me di cuenta que quien nos atendía, quien nos servía de comer, quien nos proporcionaban té, eran nuestros compañeros del dojo. Con atención, con sonrisa en boca, con completa generosidad buscaban nuestra comodidad. Compartían lo mejor de sí mismos que era su tiempo y su disposición.

El año pasado tuvimos la fortuna de vivir en México un extraordinario seminario con un riquísimo ambiente internacional. Realizarlo fue un esfuerzo enorme. Entrega completa de maestros y compañeros como Alfredo, Lorena, Jorge, Yaiza. Tuvimos la visita de amigos rusos, alemanes, canadienses, guatemaltecos, entre otros. Poder compartir la experiencia de un seminario internacional a quienes no lo habían vivido fue maravilloso.

En dicho seminario nos tocó estar colocados en el lado de los anfitriones. Muchos, no todos, contribuyeron con su granito de arena, recogiendo visitantes en el aeropuerto, llevándolos a conocer la Ciudad, colocando tatamis y aparejos necesarios para la realización del seminario. También algunos de nuestros amigos visitantes dieron lo que pudieron para ayudarnos a preparar el seminario. Particular mención de Vitaly y Roman ayudando a bajar y subir tatamis dos pisos por escaleras. En fin, hubo muchas muestras de generosidad hacia los demás. Eso es armonizar. Eso es Aikido. Eso es Tendoryu.

Próximamente, en octubre, tendremos la celebración del seminario internacional conmemorando el cincuentenario de la fundación del Tendokan. Algunos maestros y alumnos tendremos la fortuna de participar en él. Me dará mucho gusto revivir la primera vez que estuve en Japón a través de las emociones de los nuevos participantes. Pero lo que más espero de mi parte, es haber mejorado mi Aikido y tener la capacidad de brindarme con la generosidad que me enseñaron mis sempais.

Nulo Aikido me parece, el de un grado Dan con incapacidad para la generosidad.


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