• Aurora Molina

¿Te quedas o te vas?


Aun como principiante en la práctica del Aikido, ya he visto a algunos llegar al dojo e irse unas clases después. También he visto a otros que se quedan y tienen una constancia envidiable. He tratado de saber por qué, ¿Qué hace que una persona se sienta interesada o no en el Aikido? Dicen que los que practican otras artes marciales suelen tener una opinión dividida, o lo odias o lo amas. Dice mi Sensei que es difícil predecir a simple vista quién se queda y quién se va. ¿Qué les hace irse y qué les hace quedarse?

Así que estas son las respuestas que tengo por el momento (tal vez te sirva si estás pensando en practicar Aikido y no sabes si te gustará):

Algunos buscan un arte marcial que desarrolle su fuerza física, que los ponga en ventaja sobre cualquier oponente.

Habría que decir que, aunque con la práctica sí se desarrolla fuerza física, no es el tipo de fuerza que busca el Aikido. En aikido no se trata de contrarrestar fuerza con fuerza, con ello habría un gran consumo de energía física, mental y muchos estaríamos siempre en desventaja. El objetivo es utilizar la fuerza del contrario. Según las prácticas más tradicionales de Ai-Ki-Do, se busca desarrollar la fuerza o energía Vital o “Ki”, el cual no pretendo explicar porque no lo entiendo. Por el momento en mi práctica solo sé que debo usar los músculos más cercanos al centro del cuerpo y no confiar en la fuerza de mis brazos o piernas; Sentir que uno es como un árbol, con una base fuerte y firme pero ramas que se mueven con el aire.

Otros buscan básicamente ponerse en forma, bajar de peso. Puede ser que luego de los atracones de fin de año uno se sienta muy motivado para iniciar con todo un régimen que incluya a un Sensei que nos discipline con entrenamiento intensivo y se esté listo para la playa en verano.

Pero… Si algo es notorio cuando se empieza a practicar Aikido es que no hay recompensas inmediatas, que será un proceso largo y constante. Que los cambios sí se van dando, pero a veces son más evidentes para otros que para uno mismo y que el cambio va siendo de adentro hacia afuera y no al revés. Esto se refleja muy bien en los exámenes de grado o kyu; En el estilo Tendoryu no hay más que dos cintas: la cinta blanca y la cinta negra; uno sabe que no dejará de ser cinta blanca hasta pasados muchos años de práctica, por lo que en algún momento se deja de tener prisa, por varias cosas. La prisa sigue siendo ansiedad, nadie compite contra nosotros más que nosotros mismos. Cada uno va a su propio ritmo y debe luchar contra varios obstáculos personales en el camino; si uno de esos obstáculos es la dificultad para estar en forma entonces habrá que tomar medidas específicas e individuales en ese asunto.

Mucha gente busca un arte marcial a partir del miedo. Del miedo a ser agredido, asaltado, secuestrado. Cualquiera en este país puede decir que no son miedos irracionales. Los padres pueden inscribir a sus hijos por miedo a que sufran bullying o abuso sexual.

Otros buscan a partir del enojo, tal vez odio a un oponente. Tal vez ya vivieron una agresión, ellos, algún familiar o amigo cercano que les ha contado el evento (lo recuerdan o se lo imaginan todo el tiempo). Han sufrido y están muy enojados. Tal vez sufrieron bullying o violencia de pareja y se han prometido no volver a vivirlo o no dejar que sus hijos lo sufran igual.

A algunos de los que acuden con estas emociones, suele pasarles que el aikido no les parece suficiente. Les angustia que no funcione, durante la clase hay preguntas como ¿y con esto ya no me hacen nada? ¿y esto para qué golpe me sirve? ¿y esto cómo funcionaría contra dos? ¿y si trae pistola? (seguro yo hice preguntas así hace no mucho).

En este supuesto (y solo es mi idea), luego de irse del Aikido terminarán en algo como el Krav maga o comprándose una pistola. Seguro se sentirán menos frágiles, más seguros, menos temerosos de andar en la calle, pero seguirán viendo en cada transeúnte o cada compañero de escuela, cada pareja, a un potencial agresor a quien derrotar.

El aikido no se mueve por ninguna de estas emociones. En Aikido no existe ningún ataque. Morihei Ueshiba decía que “atacar significa que nuestro espíritu ya ha perdido”. Excluye tajantemente toda idea de competición, “Busca disuadir al adversario y neutralizar su intención agresiva, más que derrotarle”. El Aikido se mueve más por el deseo de paz, se mueve por el amor, aunque suene cursi así es.Hay una diferencia abismal entre hacer las cosas para dejar de sentir miedo-enojo y hacerlas para amar. Si te motiva el miedo y el enojo tal vez dejarás de sufrir, si te motiva el amor, tal vez seas feliz.

Lo que uno no se espera es que luego el Aikido empieza a salir del dojo. Y empieza a salir desde el aspecto físico hasta el de su filosofía. Como cuando en situaciones triviales te descubres tomando alguna postura de forma automática, al tropezar, al moverte cuando algo te toma por sorpresa. Como cuando pudiendo argumentar con alguien teniendo la razón prefieres no hacerlo, como no esperar que la gente sea de una manera. Imagina a un niño, que más que enfocarse en evitar el bullying la pasa haciendo amigos, o imagina a una mujer que en vez de cuidarse de volver a ser agredida por su pareja, tiene la fuerza para alejarse de él y vivir sin miedo a estar sola.

Ahora, no espero que crean que todos los que andamos en la práctica del Aikido somos seres de paz y amor con cero ansiedad y un Ki de Sayayin, que van sin miedo por la calle aventando pétalos. Al médico no acuden los sanos, cuando uno va al médico es porque está enfermo y busca estar mejor. Así es cómo algunos ven el Aikido y acudir al dojo.

“Dar el Salto”

Creo que, pasadas las primeras clases es momento de decidir. Hay un punto, un momento en donde uno se cuestiona ¿me voy o me quedo? Por algo la Sensei prefiere que las primeras clases, lo novatos utilicemos ropa deportiva y no el Gi ni Hakama hasta pasado ese momento. Digo, no es tanto como ponerse el hábito y profesar votos perpetuos, pero es para evitar gastos innecesarios si decides dejarlo.

¿Has estado en situaciones (espirituales, religiosas o psicoterapéuticas) en donde te piden “dar el salto”, dejarte llevar, no tener miedo, soltarte? Es algo así, aunque acá no te dicen que no va a doler. De hecho te dicen que el dolor te va guiando a lo que estás haciendo mal. La clase del aikido está llena frases como ¡no te resistas! ¡Fluye! ¡Siente! ¡Déjalo pasar! ¡No uses fuerza! ¡Desde tu centro!… En algún momento dices ¿Cómo me metí aquí? ¡Y yo que venía para tener más confianza y resulta que mi propia fuerza no me sirve de nada! ¡Saber resistirme era lo mío! ¡Ser ruda me ha llevado hasta donde estoy! ¡si fluyo seré vulnerable!... ¿!Cómo esperan que no haya desertores!? ¿Quién se avienta a esto?. Pero al mismo tiempo te das cuenta que es el camino correcto para vivir sin miedo.

Imagina vivir tranquilo(a) sabiendo que hay cosas que por más fuerte que seas, no podrás controlar y eso, simplemente, está bien; puedes fluir con ellas o dejarlas pasar.

Esa paz te regala el Aikido, sin armas, sin fuerza, sin prisa, sin miedo.


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